El Lucero Carmesí

Capítulo 2: Observados

El final del invierno

Invierno del 932- Florean 933

Han pasado casi 3 meses desde el rescate de Lord Yerr y la derrota del falso Almagesto, y el escape de Nathaniel. El inclemente invierno obligó al grupo a permanecer un tiempo en Sínople, ya que los caminos se volvieron virtualmente intransitables por la nieve.

Jonathan dedicó su tiempo a la forja de armaduras, para sanar su cuerpo y tranquilizar su espíritu. Su antídoto fue una bendición para aquellos que fueron maldecidos; les dio más tiempo. Sus fervientes oraciones y su dedicación no pasaron desapercibidos por el Sol, quien decidió brindarle un poco de su poder. Ahora, más que nunca, carga una radiante estrella de fe en su corazón.

Renaud tomó la batuta de la descuidada Guardia de Sínople, enseñándoles técnica y disciplina a la usanza de Tulipe. Para el final del invierno, pudo ver los primeros brotes de su esfuerzo. Muchos elementos fueron puestos en cintura, y los nuevos cadetes fueron entrenados con cuidadoso rigor. Grata prueba fue la del pequeño Janen, quien demostró ante el caballero la valía de una nueva generación. El muchacho se batió con valor, y recibió de Jonathan una exótica espada curva, producto de su yunque y martillo. Renaud será de aquí en delante reconocido como Oficial Honorario de la Guardia de Sínople, con rango de Teniente.

Para Rebeca fueron tiempos fructíferos, aunque difíciles, pues estudiar y mejorar sus artes es difícil en una sociedad tan intolerante a todo lo místico. Sin embargo, bajo el amparo de Lord Yerr, hubo tiempo de sobra para dedicar a sus estudios, sin que fuera descubierta.

Ishiro no se estuvo quieto. Buscó hasta el agotamiento toda información relacionada con los eventos recientes, y su relación con la historia del antiguo reino. Encontró la relación entre las supersticiones de la gente y los fatídicos eventos de años atrás, cuando terminó la el reinado de los Wellinton. Le pareció curioso que el único objeto desaparecido aquel día fue la joya conocida como el Lucero Carmesí, rubí que adornó el cuello de la Princesa Elisa poco tiempo antes de su muerte.

Makareo apareció durante los días más frios del invierno, muy lejos de todo. Un campesino lo encontró vagando entre los bosques nevados, con solo sus ropas y un bastón por equipaje. Decidió darle albergue y ayudarle a regresar a Sínople. Sabía que no lo lograría por si mismo, pues su ceguera se lo impedía. Makareo no podía evocar ningún momento de su cautiverio, más la cicatriz rúnica en su nuca lo decía todo.

Abdul corrió con una suerte similar. Apareció no muy lejos de Sínople, aún con su visión intacta. El frió en sus extremidades impidió que se diera cuenta de inmediato. Su preciado anillo había desaparecido, junto con buena parte de su brazo izquierdo. Regresó a la ciudad por su propio pie, mientras intentaba arrancar el velo de su mente, que le impedía recordar sus días aprisionado. Además de la runa en su nuca, solo pudo recordar una voz femenina; una voz familiar. Recuerda textualmente sus palabras “Mi regalo debe volver a ti, hijo mío. En Kronden encontrarás lo que necesitas”.

Ambos fueron recibidos de nuevo, y perdonados por su traición. Sin embargo, la confianza es algo que deben ganarse de nuevo.

A raíz de los eventos en Sínople, Kali empezó un gradual cambio. Pidió entrenamiento formal de Renaud, para llevar la estrategia al combate, además de la furia. Rebeca le enseñó a leer y escribir, aunque aún tiene problemas con la sintaxis y comete horrores de ortografía. Por su cuenta, casi a escondidas, Kali entrenó muy duro con el hacha doble de orco, hasta perfeccionar la Ráfaga Cortante, inspirada en las técnicas de su difunto mentor. Seguido Kali sale al despoblado, donde se siente más a gusto, para visitar la tumba de su amigo, bajo el gran roble.

Y así pasó el invierno.

Los primeros días de Florean del año 933, el grupo partió de nuevo, con la bendición de un pueblo acompañándoles. Se habló con lord Yerr, y este les consiguió algunos objetos mágicos confiscados a lo largo de los años; todo esto clandestinamente.

Hicieron una escala en el bosque de los Crig, donde llegaron a un acuerdo para proporcionar pétalos de flor de Inusus para elaborar el antídoto retardante. Fue difícil convencerlos, pero al final llegaron al acuerdo de depositarlo fuera del bosque. Es por una causa de fuerza mayor.

Han decidido explorar el Pantano de Kronden, el territorio donde se yergue el Monolito de Ónice Negro. Saben por el diario de Jim el mudo de la existencia de un antiguo hechicero en la zona, y por Nathaniel que aquel monolito posee propiedades místicas que podrían usar los Adoradores a su favor.

Camino a Kronden, decidieron hacer una escala en Tulipe, reino natal de Renaud. Visitaron la vieja casona de Sir Ector, donde los recibió con gusto. Nellid y Neil, sus hermanas, no cabían en sí mismas de alegría. Renaud y compañía contaron un breve resumen de sus andanzas , y dejaron entrever el terrible peligro que los asecha. Ya no es del todo desconocido, pues ha habido ataques menores a Tulipe de las criaturas de madera, y hay también algunos enfermos con la maldición.

La velada terminó de forma abrupta, con el acto vandálico contra la casa de Sir Ector. Detuvieron a un par de tipos de una pandilla que arrojó piedras a la vieja casona, y descubrieron que hay personas en Tulipe que aún se toman muy en serio la infamia de los Kabeos.

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Y ahora, la travesia cuelga del filo de una daga. Si nos desviamos un poco, caeremos, para la perdicion de todos.

Capítulo 2: Observados
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