El Lucero Carmesí

El Pantano de Kronden

Inicia la pesadilla

La estancia en Tulipe fue corta. El grupo estuvo en la resguardada ciudad durante apenas dos días.

Makareo, Abdul, y Kali decidieron indagar un poco más a fondo el acto vandálico sucedido esa tarde del 17 de Florean. Decidieron ir a la cantina más corriente de la ciudad para obtener información.

Llegaron a un infame lugar conocido como El Burro Reatón, un lugar de mala muerte para borrachos y prostitutas que cobran en cobre. Algunas monedas de oro lograron que las poco galantes empleadas consiguieran la información que buscaban. El tal Jack es el caballerango de Sir Lenard Leroy, cabeza de la Casa Leroy, segunda en importancia despues de la Casa Laurent, la familia real.

Dispuestos a desentrañar el misterio detras de aquel ataque, el grupo planeó su estrategia para buscar al noble caballero. Renaud los disuadió, confesando que no es raro ese tipo de muestras de odio contra él y su familia. Aún asi, Sir Ector informó a la Casa Leroy sobre la conducta de sus criados.

El dia siguiente se hicieron los preparativos para el viaje al ominoso pantano. Kali aprovechó su tiempo para entrenar en el traspatio de la Casa de Sir Ector. Por supuesto, no pasó mucho para que llamara la atención del veterano caballero.

Ishiro y Rebeca acompañaron a Lady Paulet a conseguir algunos regalos para Meme, la hermana menor de Rebeca, quien cumplió años durante su viaje. Compró un fino espejo hecho con mango de caoba para su hermana, y uno más para Neil, la pequeña hermana de Renaud. Ishiro, por su parte, consiguió una pequeña campana con el escudo del Tulipan, insignia del reino. Ishiro también sostuvo una conversación con Sir Ector, quien le comentó la rica historia del lugar. Hablo de los orígenes de Tulipe, y su hermano reino de Curmer. De las antiguas guerras entre órdenes de caballería, y la unificación hecha por Sir Alfaden, el heroe legendario, cuya espada es ahora portada por el rey.

Makareo usó su tiempo para reponer el arma que perdió. Descubrió que las armerías en Tulipe son surtidas en verdad.

Abdul, por su lado, dedicó su tiempo a actividades menos ortodoxas. Regresó a la comisaría, y descubrió que los tipos que atraparon por vandalismo aún seguían presos. No hubo mucha información que sacarles, asi que simplemente se les azotó. Saldrían libres la tarde de ese día.

Pacientemente, Abdul aguardó, recordando el rostro redondo y grasiento de aquel que se atrevió a levantar una piedra contra él. Pronto vio a los tipos salir por la puerta principal, e irse cada quién por su lado. Siguió lentamente a su presa, quien no tardó en notar su presencia. Iniciaron un sutil juego, caminando ambos disimuladamente; el uno siguiendo, y el otro buscando la oportunidad de sorprenderlo en el momento propicio.

Ese momento llegó, pero no contaba el tipo con el poder que corre en las venas de Abdul. Con un rápido movimiento de manos, aquel maleante quedó paralizado. Abdul lo arrastró a donde nadie pudiera verlos, lo tomó por la garganta, y descargó el poder de su fe sobre el, matandole lenta y dolorosamente. Con un cuchillo, marcó en su pecho el símbolo de la Madre Dragón, y con un poderoso y fugaz soplo, calcinó el cadaver de quien alguna vez osara retarlo. Después se alejó de ahí, sin que su corazón sintiera remordimiento alguno.

Esa noche, Jonathan habló con el grupo, avisando que tendría que regresar a Curmer, por una emergencia. Su familia sufrió un ataque de un clérigo del Prisionero, disfrazado de un clérigo del Sol.

Decidieron que Makareo se adelantaría a revisar si el Culto ya tenía gente dentro del pantano, y así lo hizo. Si aún no habían entrado, tal vez pudieran enfrentarlos en terrenos menos hostiles.

Asi, nuestros heroes partieron de Tulipe, rumbo al Reino de Zobel. Después de algunas semanas de viaje, pasaron junto a la ciudad de Zobel, de arquitectura lúgubre. No se detuvieron ahi más que algunas horas, pero pudieron notar el sombrío semblante de su gente, que rara vez veía la luz del sol a travez de las nubes del cielo.

Cuatro días más tarde llegaron a las inmediaciones del pantano, donde Makareo salió a su encuentro, con malas noticias. Encontró señales claras de un gran número de personas que habían entrado por la parte sureste.

Acamparon esa noche en las ruinas de un fortín. La noche fue intranquila, y pudieron escuchar lentas criaturas caminar en las inmediaciones.

A la mañana siguiente guardaron la carreta y dejaron su equipaje pesado, así como a los caballos y al gato. Entraron rápidamente para aprovechar la mayor cantidad de luz diurna que pudieran.

El pantano es un lugar inquietante. Conforme entran, los árboles se ven cada vez más grises, y la tierra se humedece con la niebla, que parece cernirse sobre ellos.

Descubrieron rápidamente que no se encontraban solos. Un grupo de cuatro esqueletos salió a su encuentro de manera muy torpe. No fueron reto para el hacha de Kali.

Poco despues encontraron un claro donde hallaron un cadaver fresco tirado en los charcos; un hombre pálido, con mordidas en brazos, piernas y cuello. Estaba ataviado con las túnicas violetas y grises características de los Adoradores del Prisionero. Se veía ya despojado de sus pertenencias importantes.

Pronto salieron a su encuentro un enorme grupo de zombies. Algunos aún cargaban con armas y armaduras oscuras. Uno de ellos llevaba una armadura oxidada que alguna vez fue clara y brillante. Tras una batalla breve, pudieron hacerse camino a base de certeros tajos de hacha y el aliento de fuego de Abdul, que sorprendió a todos. Nadie había visto a Abdul hacer eso antes.

Al escapar del enorme grupo de muertos vivientes, pudieron ver de reojo el cadaver del cultista, que lentamente se levantó y vomitó sus coaguladas entrañas.

Al tiempo de perderlos, fueron sorprendidos por un gigantesco esqueleto, con un enorme garrote. Kali entonces tomó la pócima del padre Rupert, y su cuerpo creció a proporciones gigantes. Aún asi, el esqueleto lo superaba por metros.

La lucha fué encarnizada, y Kali por poco pierde la vida, a no ser de la magia curativa de Abdul e Ishiro. Rebeca descargó todo su poder mágico en dos explosiones de fuego, que casi calcinan el esqueleto. En un último certero golpe del hacha de orco, el poderoso enemigo cayó.

En ese momento, que se encontraban tan vulnerables, apareció una figura fantasmal flotando cerca del lago. En una resonante voz de bajo, preguntó al grupo qué hacian en sus dominios.

Abdul se identificó, blandiendo el nombre de la Madre Pentacolor.

El fantasma se desvaneció, para dar paso a la criatura que se encontraba sumergida en el lago. Del agua se alzó una enorme cabeza esqueletica, con cuernos curvos hacia abajo. Le siguió un cuerpo escamoso con alas de murcielago.

El grupo esta en presencia de un legendario Dragón Negro.

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