El Lucero Carmesí

El Pantano de Kronden, Cuarta Parte (B)

Los Traidores

El resto del grupo despertó eventualmente, atados al enorme tronco roto del arbol al centro del campamento. Abdul alzó la vista, y observó el movimiento ocupado de los cultistas y los guardias del campamento. El panorama era en extremo desagradable. Se sentía en el aire el olor a muerte, y la implacable presencia del Monolito de Ónice Negro.

Poco a poco despertaron Renaud, Rebeca e Ishiro. Abdul pudo notar que estos últimos dos, además de él mismo, estaban amordazados, de modo que no pudieran invocar las palabras de poder necesarias para hacer su magia.

Junto a ellos había otros tres prisioneros, con ropas ceremoniales típicas de los cultistas, solo que sucias y razgadas.

Renaud recordó con vergüenza la noche anterior, donde fueron derrotados en una batalla desigual. Sentía fuerte la ausencia de su espada y de su escudo. Renaud vió, con turbación, que Kali los observaba de cerca, puliendo las hojas de su hacha. Kali mostraba una mueca extraña y los ojos algo perdidos, perturbadores signos del control mental. Mientras la maligna influencia estuviera en su psique, Kali era un enemigo.

Renaud, siendo el único del grupo sin mordaza, comenzó a interrogar a los cultistas capturados. Asi supieron los verdaderos motivos de la expedición. El alto obispo, Khan Uzur, llevó un séquito de fieles al centro del Pantano de Kronden, con el fin de poder controlar a los fantasmas y a los muertos usando el poder del Monolito y los favores del poder divino del control sobre los muertos vivientes. Usará el Monolito como un potente foco de poder, que le dará, supuestamente, potestad permanente sobre las abominaciones del pantano. Para ello, era necesario un ritual que involucra los cánticos de siete fieles y una enorme ofrenda de sangre viva.

Ellos fueron capturados al enfrentar abiertamente los planes de Khan Uzur. El obispo le mintió al Profeta Abrachir, diciendo que encausaría los espíritus errantes del pantano a la exhortación del Prisionero. Nathaniel lo confrontó, junto con ellos, los pocos verdaderos fieles a la iglesia. Lamentablemente fueron sometidos con mucha facilidad. Al parecer, Khan Uzur esperaba el motín de Nathaniel, pero permitió su compañía para tener sangre que ofrecer en el ritual.

Mientras Rebeca e Ishiro despertaron paulatinamente de su sueño, Abdul y Renaud notaron la ausencia de Nathaniel. En la confusión que provocaron en el campamento, Nathaniel logró escapar.

Ya tarde aquel dia, Khan Uzur salió de la tienda, para hablar brevemente con los sus nuevos prisioneros. “Han demorado mis sagrados desigios por un dia, y se llevaron la vida de varios de nuestros fieles. Haré pagar sus crímenes, ofreciendo su sangre al Monolito. Pronto serán ustedes parte en mi glorioso destino”.

Muy en sus adentros, Abdul sintió hervir su orgullo en ira y resentimiento. Khan Uzur en efecto cumpliría con su destino: el perder su corazón, arrancado por su nueva garra roja.

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