El Lucero Carmesí

El Pantano de Kronden, Tercera parte

Expedición de la Iglesia del Prisionero

El grupo de aventureros ha divisado ya el ominoso monolito. Parecen estar todos bien, a excepción de Makareo, a quien el fantasma el robó parte de su energía vital.

Pronto llegaron a un claro cubierto por filosas piedras de ónice negro. Estaba custodiadas por dos enormes piedras en bruto, erguidas a modo de pilares. Makareo se adelantó a explorar, y vio que no había nadie ni nada que los amenazara de momento.

Lamentablemente, había observadores, escondidos en el interior de las piedras en pie. Cuando el resto del grupo caminó sobre el claro, sus voces infernales fueron escuchadas. Les ordenaron quitarse el calzado, pues pisaban tierra sagrada de la Luna Escarlata.

Ishiro tradujo su lenguaje mediante sortilegios mágicos, y todos hicieron caso, exceptuando Makareo, que observaba más adelante. De los pilares salieron dos figuras fantasmales de sombras, y empezaron a rodear a los descalzos héroes. En voces oscuras de lentas inflexiones, comenzaron los cánticos de sacrificio a la Luna Escarlata, su terrible deidad.

La batalla fue breve, pero difícil. Solo la magia tenía oportunidad de dañar a las etéreas criaturas, y ellos podían robar a sorbos la vida de sus víctimas. Uno de ellos se esfumó rápidamente en los ataques. El otro, más listo, atravesó el piso y los atacó desde abajo. Aún así, podían dañar de cuando en cuando las garras de la incorpórea criatura. Al final, Kali asestó un fuerte golpe de su hacha, que melló el suelo y disolvió los remanentes del oscuro enemigo. Lograron la victoria, más varios de ellos perdieron parte de su energía vital.

Al amparo de la noche, y con el auspicio de la luna color sangre, las criaturas más terribles del pantano salen a cumplir con su condena en esta realidad. El grupo, ya cansado de las batallas, y aun perturbados por los horrores de las tierras embrujadas de Kronden, buscaron refugio para esa noche.

Pronto encontraron un enorme árbol de tronco hueco, que pudieron usar de refugio. Makareo reconoció algo del terreno, y pudo ver cerca del monolito un campamento construido como un improvisado fuerte. La iglesia del Prisionero había llegado ya. En el centro del improvisado fortín, había un árbol seco donde había amarradas cuatro figuras. Eran hombres ataviados con las con ropas ceremoniales sucias y rasgadas. Uno de ellos le resultó familiar. Demasiado familiar. Entre los cautivos pudo ver el inconfundible rostro grave de Nathaniel.

Con ayuda de su catalejo, pudo también darse cuenta de otra presencia. Una gigantesca criatura se movía lejos en el horizonte, caminando sin rumbo. Los dioses benévolos actuaron a su favor, pues aquella ciclópea criatura se alejó de ellos.

Tuvieron tiempo para descansar en el hueco del árbol. A la mañana siguiente, permanecieron escondidos, observando y planeando.

Observaron que se preparaban para salir en una expedición, probablemente directo al monolito. Esperaron hasta el atardecer, cuando el líder se llevó a los prisioneros, dejando solo algunos guardias y dos clérigos.

Decidieron tomar el campamento por asalto. Usaron magia para hacer crecer a Kali a proporciones gigantes, y para volar. Entraron a filo de espada y hacha. El objetivo fue encontrar alguna pista sobre las intenciones del culto en el pantano, o su ubicación.

La estrategia de silenciar a los clérigos funcionó muy bien, más no tomaron en cuenta el cuerno de alarma, que uno de los guardias hizo sonar con fuerza.

No pasó mucho tiempo para que llegaran refuerzos, que pronto inclinaron la batalla a su favor.

Todo pareció perdido cuando el líder invocó el poder de los fantasmas del pantano….

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