Aventuras de una niña prodigio

Como casi siempre, Renaud se había levantado muy temprano. Yo no había dormido ese día, porque Abuelita me había prestado un libro muy raro, y me dijo que cuando lo terminara, me iba a enseñar a hablar en el lenguaje antiguo. No se muy bien a que se refiera, pero estaría muy padre hablar otra cosa!

Yo estaba afuera, arriba de mi árbol. Abuelita me ayudó a que el árbol y yo fuéramos unidos con magia. Tinluwë me había acompañado, y creo que esta un poco celosa. Puedo sentir como el árbol sonríe y me abraza, como me protege y me susurra al oído su larga vida. Siento mucho a mi mamá en él, y sé que ella también debió de haberlo conocido. Yo le cuento cosas de mi vida, pero creo que no soy tan interesante. Pero él escucha atento, muy paciente. Me agrada!

Vi como Renaud se acercaba a esa colina que tanto le gusta, para ver a la casa y los campos que la rodean. Alcancé a ver como sonreía mientras las personas de las granjas salían a hacer sus labores, y poco a poco se comenzaba a escuchar el sonido de martillos golpeando. El día comenzaba, y siempre mi hermano estaba ahí para saludarlo. Se queda un rato solo viendo, de repente tomando notas en su pequeño cuaderno que le regaló Nellid. A veces Cassie viene a acompañarlo, y se quedan juntos abrazados.

Cassie se pasa el día ayudando a las personas a construir nuevas casas o nuevos edificios. Los anima mucho, con su bonita sonrisa y su melodiosa voz. Me parece una mujer muy linda, y me da gusto que Renaud y ella se lleven tan bien. No cocina tan rico, y eso le da mucha risa a Nellid. Pero sabe cantar y bailar y tocar música, y eso Nellid no puede. Pasan mucho tiempo hablando de muchas cosas, y se ríen mucho. Yo no entiendo de que hablan, y la verdad me aburren de repente. Creo que a Nellid de repente le dan celos que Renaud le preste tanta atención a Cassie, pero se llevan bien.

Abajo de mi árbol estaba Lara, usando la máscara que le había hecho. La adorne un poco más, y creo que ahora si la disfruta usar. Ella sí estaba dormida, creo, pero su respirar era muy pacífico. Me acuerdo que Renaud me contaba que durante muchas noches, Lara gritaba y lloraba en sus sueños. Pero ya no. O al menos, yo no me he dado cuenta. Sé que ha sufrido mucho, mi árbol me dice que puede sentir los pesares de ella, pero con mayor razón me gusta pasar tiempo con ella. Es muy diferente al resto de las personas de Tulipe. Es como una adulta, sin comportarse como una adulta. Es dificil de explicar, pero me siento muy cómoda con ella.

Me aburrí de ver a Renaud, y ya me había cansado de leer. Le pedí a mi árbol que me ayudara a bajar, y deje el gran libro sobre Lara. Como me sentía llena de energía, decidí ir a explorar el bosque. Tinluwë me acompañaba, entonces me sentía muy segura. Antes de partir, hice los ejercicios que Abuelita me dijo que hiciera, el repasar mi libro de hechizos y memorizar los conjuros. Me da mucha flojera, pero no quiero decepcionar a mi Abuelita. Cuando terminé, cerré mi libro, y volteé a ver lo que me rodeaba. Algunos árboles no son tan platicadores como el mío, y otros hasta dan miedo. Hay pocos animales alrededor, y se esconden de cualquiera que pase. Hace poco había escuchado el ruido de un río, pero no lo había encontrado. Decidí ir a buscarlo hoy, para tener un lugar donde jugar cuando sea caluroso.

Comencé a caminar hacía donde me acordaba que había escuchado el río, y tuve que saltar varias rocas grandes. Los árboles estaban alegres que caminara entre ellos, y me susurraban bromas. Estos eran más jóvenes y más lindos, y me hubiera gustado quedarme a jugar con ellos. Pero tenía una meta! Y la iba a cumplir. El día era fresco, y olía muy rico, ese aroma hermoso del bosque. Llegué a un punto donde había muchos arbustos, y tuve que arrastrarme. Me corté un poco en mi brazo izquierdo cuando traté de levantarme; no había visto que una piedra estaba salida. Saque de mi bolso las hierbas que Abuelita me había dicho que servían para detener la sangre, y las molí con el pequeño escudito que me regaló Renaud. Escupí un poco sobre ellas, para que sean un poco más untables, y las pase sobre mi herida. Me dolió, pero no lloré. Tinluwë estaba asustada al ver mi sangre, y daba muchos saltos. Seguía vendar mi brazo, pero como no tenía ninguna venda, corte un poco mi falda (Nellid se va a enojar!) para cubrir el ungüento. Me volvió a doler, pero me mordí los labios para no quejarme. Me levanté, y continué.

Los árboles jóvenes ya se habían quedado atrás, y fueron remplazados por otros más viejos, y algo feos. Tenía ganas de reírme, pero creo que hubiera sido muy grosero. No escuchaba el sonido del río, y me imagine que había tomado una vuelta mal. Me volteé, y me di cuenta que el camino había cambiado. Había más hojas, menos ramas, y más piedras. Preferí continuar, porque no me daba buen sentimiento el regresarme. Cada vez el bosque era más espeso, muy diferente a como me acordaba. Tinluwë tenía miedo, pero se mostraba fuerte y valiente. Cuando comenzamos a ver árboles más negros y feos, supe que algo estaba mal. En el bosque de la casa no había este tipo de árboles. Y se veían tristes, y ya no hablaban. Eso me enojó, porque estaban insultando a mi bosque. Tomé una piedra, y la arrojé al tronco de uno de los más grandes. La piedra lo atravesó, y se me ocurrió que alguien estaba usando mentiras en mi vista! Me concentré muy duro, y cerré mis ojos, y repasé las frases que me enseño Abuelita. Cuando los volví a abrir, el bosque había regresado a la normalidad! Traté de buscar a quien había hecho esa mentira, pero no vi nada. Escuché unas risas, pero más que risas como que gruñidos. Me volteé hacia esa dirección, y escuché muchos pasos salir corriendo. Traté de seguirlos, pero eran muy rápidos. Me detuve, y me senté a pensar. Yo era la única que venía a éste bosque, tan lejos. Y la persona que hizo la mentira, tenía que poder hacer magia. No había muchos en Tulipe con esa habilidad, y no estarían tan lejos de la ciudad. Me comencé a emocionar, porque significaba que había más personas en Tulipe que nadie conocía, y tal vez yo sería la primera! Me volví a parar, y traté de escuchar más sonidos curiosos.

Pase unos minutos, pero no escuché nada. Pero los árboles sí. Me dijeron que se habían ido por la derecha, y que eran cuatro. Comencé a correr, y casi dejo atrás a Tinluwë. Pero me detuve y la cargué. Seguí por un ratito, y comencé a escuchar el sonido del río de nuevo. Sonreí, y continué. Llegué hasta donde comenzaba el río, que era un lugar muy abierto y bonito. Los árboles eran muy grandes, y no dejaban ver el sol. Había muchas piedras alrededor, y sobre las piedras, había unas creaturas muy raras. Unas eran tan verdes que parecían hojas de un árbol. Otros eran feos y pequeños, con un sombrero rojo muy extraño. Otros tenían como que patas de cabra, y estaban tocando una flauta. Mujeres verdes posaban en los árboles. Había muchos tipos de creaturas similares, que parecían como que plantas pero a la vez no. Tinluwë se había metido a mi bolso, y estaba temblando. Cuando me vieron, las creaturas comenzaron a reir. Yo me sonrojé. Después, escuché una voz.

“Bienvenida, Neil Kabeos, hija de Laeris. Te hemos estado esperando.”, dijo alguien, con una voz muy profunda, pero también muy extraña. De repente, del agua apareció una figura alta, con cuerpo de hombre, pero de ropas muy raras; eran como que una falda, pero no la estaba sosteniendo algo. De su cuello colgaba un extraño collar. Parecía que en vez de pelo tenía hojas, y de su frente salían dos grandes cuernos, como de un alce. Portaba un largo bastón café, que parecía una rama de un árbol muy viejo y torcido. Cuando salió del agua, camino sobre el piso, y el pasto parecía pegarse a su falda. Abrió los brazos, y sonrió. Sus ojos brillaban un azul muy feo mientras hablaba.

“Tu madre nos había contado de tí, cuando venía a visitarnos. Su muerte nos dolió mucho.”

El parecía decirlo con sinceridad, pero había algo que no estaba bien. Pero la música y las miradas de todos no me dejaban moverme, y solo seguía escuchando.

“Sabes? Tu madre era una gran conocedora del bosque. Todos sus secretos eran como un libro abierto para ella. Una excelente compañera. Y veo que tu estás caminando una senda similar. De tal palo tal astilla.”

Dentro de su voz escuchaba burla, desprecio. No era normal, y no era algo bueno. Yo veía como las creaturas se acercaban, pero seguía sin poder moverme. Mis ojos me pesaban, y todo se estaba entremezclando como en un sueño.

“Tu madre y yo hicimos un trato, hace mucho tiempo.”, continuó el hombre raro, pero su voz comenzaba a sonar más melodiosa. “Yo le ofrecí ese conocimiento, y ella me ofreció un reino. Pero ahora mi reino me aburre, chiquilla. Yo podría darte todo lo que le di a tu madre… y más. Que me darías a cambio?”

Las creaturas ya casi estaban tocándome. De repente, Tinluwë salió de mi bolso, y me mordió. El dolor repentino me despertó, y podía moverme. Di un paso para atrás, y saque de mi bolso un pedacito de mantequilla. Lo aplasté entre mis manos, y recité las palabras mágicas. Arrojé la mantequilla hacia las creaturas, y en el piso explotó, dejando un liquido muy resbaloso. Muchas de las creaturas tropezaron, y las que no, me vieron con mucho enojo y saltaron hacia mí. Yo saque uno de los pergaminos que había tomado “prestados” a mi Abuelita, y comencé la incantación. Abuelita me había advertido sobre usar pergaminos más poderosos de lo que yo podía controlar, pero estaba asustada y no se me ocurría nada más. Terminé, y de repente el pergamino flotó solo, y salio una ráfaga de magia a mi alrededor. La dirigí hacía las creaturas que se acercaban, y se convirtió en muchos muchos pedazos de hielo, que comenzaron a caer fuertemente sobre ellos. La mayoría ya estaba tirada, inconsciente (espero), y solo quedaban unos que seguían siendo golpeados por los hielos. Pero el hombre seguía ahí, y sus ojos azules ahora brillaban con más furia.

“Niña tonta.”, dijo, y chiscó sus dedos. De entre los árboles salieron… árboles, pero no eran árboles. Caminaban, y se veían muy feos y malos. “De una manera u otra, obtendré lo que quiero.”, dijo el hombre.

Yo apunté con mi dedo, y murmuré las palabras de poder mágico. De mi mano salió una bolita azul, y se disparó contra el hombre. Le pegó, pero el hombre ni titubeó. Solo sonrió, y apuntó a mis piernas. De sus dedos salieron DOS esferas verdes, y le pegaron muy duro a mis piernas. Me dolió mucho, y me caí. Sé que solté un grito, y sentía las lágrimas en mis mejillas. Agarré a Tinluwë, y la apreté a mi pecho. Veía como esos árboles que no eran árboles se acercaban, y uno ya estaba frente a mí. Cerré los ojos. Escuche que el hombre dijo “Aplástala.” Grité.

Y escuché un CLANG muy fuerte. Pero no me dolió nada. Volteé, y encima de mí, usando su brillante armadura y con su gran escudo de fuera, estaba Renaud. El árbol habia usado sus dos brazotes, pero se habían roto ante el escudo de mi hermano. Renaud apuntó al hombre con su espada, y gritó, “Cobarde! Te atreves a lastimar a mi hermana! Jamás perdonaré tal ofensa!”

El hombre sonrió, y exclamó “Esclavos! Destruyan al insolente híbrido!”. Y el resto de los árboles que no eran árboles corrieron hacía Renaud. Pero él ni volteó, y solo gritó, “Ninguno de ustedes es un reto para mí. Huyan! O Nebilim cantará su destrucción.” Su voz era tan fuerte, y tan diferente de lo normal. Resonaba entre los árboles, y hasta el bosque mismo quedó en silencio después.

Y los árboles se detuvieron! Creo que hasta estaban temblando. Uno por uno salieron corriendo, aún cuando el hombre les ordenaba que regresaran. Volteó a ver a mi hermano, y dijo, “Muy bien, medioelfo. Si ansías tu muerte en mis manos, con gusto te la daré.”

Renaud dió unos pasos, y volteó a mi dirección, pero no a verme. “Lara, sácala de aquí. Las alcanzaré pronto. Cuidado con sus piernas; están heridas.” Sentí los brazos de Lara cargarme, y salió corriendo. Yo me quedé viendo a Renaud, como se hacía más pequeño y se quedaba más lejos, y alcancé a ver su sonrisa.

Cuando llegué a la casa, Cassie me dio un beso, y tocó mis piernas. Con un murmuro, una luz dorada rodeó sus manos, y mis heridas desaparecieron! Después llamó al resto de la familia. Creo que todos me regañaron. Nellid y Cassie por haberme salido sin avisar, y Abuelita por haber soltado el gran libro. Abuelito solo me abrazó. Me contaron que Lara había despertado, y se asustó al ver que no estaba. Ya que Renaud estaba muy cerca, fue a decirle. Mi hermano inmediatamente se puso su armadura, y junto a Lara entraron al bosque. Lara trató de seguir mis pasos, pero fue hasta que grité que se dieron cuenta donde estaba. Mientras me estaban contando/regañando, me di cuenta que había olvidado a Tinluwë!! Estaba a punto de saltar a ir por ella, cuando se abrió la puerta, y entró Renaud, como si no hubiera pasado algo. En su brazo derecho traía a Tinluwë, y en su izquierdo traía el collar del hombre. Se paro junto a mí, y puso a mi conejita en mis manos. Me sonrió.

“No deberias preocupar a Tinluwë. La pobrecita no dejó de temblar!”

Yo acaricié a Tinluwë, y comencé a llorar, y a pedirle perdón. Renaud se quitó sus guantes, y con su mano secó mis lágrimas. “Neil, no llores. Tomaste una decisión, y casi fue trágica. Si Lara no hubiera estado ahí…”, dió un suspiro. Sentí la pesada mirada de Lara sobre mí, y baje la cabeza. Renaud tomó mi cara en sus manos, y la levantó para verlo. “Pero ahora eres una niña más lista, no? Ninguno de nosotros podemos enojarnos por eso. La vida esta llena de este tipo de decisiones. El reto es enfrentarlas, y salir avante. Aunque, claro, estas castigada por un mes. Pero velo de ésta manera; es más tiempo que podrás pasar leyendo ese gran libro!”

Aventuras de una niña prodigio

El Lucero Carmesí richterbrahe