Diario de Jim parte 2

24 Merah, 735

Hace más de 2 años que salí de Tulipe a conocer el mundo. Reconozco con humildad que aún me falta mucho por aprender, y que estoy muy lejos de ser un caballero legendario. No obstante, puedo decir que me siento satisfecho con las hazañas que he logrado. He luchado al lado de los Paladines de Curmer. He cabalgado a todo galope por las praderas de Plentor. Me he batido en duelo en el Reino de Gules, y hasta probé el rico pan de Villa Trigal.

Algunas de mis aventuras fueron al lado de Pierre . Recuerdo aquella gran batalla contra los trolls en la villa de Zoracus, provincia de Mackondo. De no ser por la valiosa información del sabio del pueblo, jamás los habríamos vencido. Aquellas terribles criaturas parecían ser invulnerables, más su carne se quema con rapidez, como un leño seco. Ese día empuñamos antorchas, no espadas, y así pudimos vencerlos definitivamente. Aún llevo recuerdos de aquel fiero combate en mi hombro izquierdo.

No conozco el actual paradero de mi buen amigo, pero lo imagino en busca de grandes aventuras, al igual que yo. Él fue el primero en aceptarme como igual. Siendo yo hijo de un artesano burgués, no se esperaba mucho de mi. A pesar de ser visto con desden por los otros niños, Pierre fue amable y me ayudó en todo momento. Si alguien es digno de ser llamado noble, ese es Pierre .

Es bueno volver al hogar después de tanto tiempo. Puedo ver ya en el horizonte los Tres picos de Bluet, que resguardan nuestro gran reino. Extraño mucho a mi amada –Clarisse- . A diario sueño que viene a mí flotando desde el cielo, rodeada de un halo evanescente, brillando cual polvo de estrellas. Jamás ha existido doncella que iguale a mi hermosa dama en belleza y virtuosismo. Fue de gran regocijo cuando por fin aceptó mi ofrecimiento de acompañarla en un paseo por los jardines de los terrenos reales, y hablamos de amor.

Grande fue mi sorpresa cuando realmente la conocí. Tras sus recatados modos y andar noble, encontré un alma libre e inocente que solo he visto en los niños. Entendí porqué, más allá de los prudentes cuidados de sus padres, Clarisse se escabulló aquella noche de fin de año, para conocer la feria de la que tanto se habla en Tulipe. Siguiendo su corazón, salió clandestinamente de sus aposentos disfrazada con modestas ropas, para conocer aquellos eventos que les eran negados a la juventud de noble cuna. Para mi, hombre de progenie más modesta, las fiestas populares eran tradición; para ella, absoluta novedad. Fue bello escuchar en sus dulces labios, que al verme en aquella fiesta de año nuevo, supo que no éramos tan distintos ella y yo.

Aún cargo el pañuelo que me regaló el día de mi partida. Tal vez sea solo mi imaginación, pero puedo percibir todavía el suave perfume de su regalo. He andado por tierras extranjeras y creo haber llevado con dignidad mis votos. Es tiempo de regresar al fin a Tulipe, y pedir a Lord Fournier la mano de Clarisse .

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El Lucero Carmesí data