El fin es el comienzo; parte VI. La profecia de Sinople

I

Imaginate ser mujer. Madre soltera. Imagina que creciste en un pueblo retrogrado y machista, donde el valor de una cabra es mayor que el de una mujer. Por mucho. Imagina crecer con cuentos sobre la grandeza de la magia, lo increible que puede ser y todas las ganas de aprenderla; imagina como los cuentos de hadas y de magia se convierten en un escape de tu vida rutinaria y de la tristeza de ser solo una campesina sin educación. Imagina que un día todo el reino rechaza a los magos, los quema en hogueras y la unica via de escape de tu realidad arde en las llamas de la ignorancia.
Aún tienes a tu hija. una niña hermosa de piel aperlada y hermosos ojos grises, su cabello negro brilla con fuerza y su sonrisa te devuelve la vida. Ahora ella es tu unica alegría.
Un día, apesar de ser madre soltera y de tener todo el prejuicio de la civilización, un hombre se enamora de tí. Aunque tiene su propio negocio, no deja de ser humilde y de corazón honrado; austero de gustos y prodigo en lo verdaderamente importante; te ama y te acepta con tu hija. Se mudan un día a la capital del reino y juntos hacen una vida feliz… Hasta que descubres que el hombre que amas no es tan perfecto. Por las frías noches del reino de Sinople, deseas el calor de tu pareja, añoras las caricias tiernas y los besos pasionales, esperas un poco más; te acurrucas en la cama junto a él, esperando que el calor de tu cuerpo haga reaccionar a su espirituoso libido. Él voltea a verte; una sonrisa asoma en su rostro y pasa su mano dulcemente por tu rostro. te mira con ternura y tristeza. Un abrazo. Nada más. Un día sales a recoger materiales para bordar ropa, tu esposo esta fuera del pueblo, o eso te dice. Por fortuna pasas por un barrio bajo, de aquellos que solo visitan las busconas y los viajeros; entonces los ves: Aquel hombre de pelo cano y manos fuertes que siempre ha estado contigo en las buenas y en las malas; aquel hombre que te sacó de tu pueblo cuando nadie más te queria; cuando eras una madre soltera hecha por la desgracia de un infortunio, repudiada por la gente de dignidad; Lo ves y algo en ti se rompe. Podrias haber esperado una mujer, alguien más joven, quiza más bella; lo habrias soportado mejor. ¿Pero que podrias esperar? repudiada por todos los hombres solo alguien como él te hubiera aceptado. Ilusa. Pero aún tienes a tu hija. Crece bella y gracil, fina como muñeca de porcelana. Estudia, aprende, vive; aún es una adolecente; la niña de tus ojos.

Soportas estoica la tempestad. Sinople es un reino corriente, con gente corriente y sucesos normales. Hasta que ellos llegan. El tipo de la mascara que hace maldades, corrupción en el gobierno, y los heroes. ¡Los heroes! habias olvidado los cuentos de hadas y las leyendas; ahora estas caminaban entre los mortales como si en cualquier momento un dragón fuese a pasar volando sobre la ciudad. Los heroes; un caballero de brillante armadura montando su blanco corsel, un gran guerrero barbaro de hacha poderosa y fuerza de titanes; capaz incluso de enfrentarse a la furia de la naturaleza, Un hombre sabio de belleza inagotable, hijo de reyes que trae la curación al pueblo; noble como un obispo, valiente como un paladin; pero sin duda alguna los que más te llaman la atención son los sabios que usan las artes arcanas, son magos como de los que oias contar en tu niñez; una mujer capaz de convocar las energías elementales a su antojo, un hombre de occidente con una voz hechizante y alentadora, hermosa; y finalmente, el misterioso mistico de occidente tambien, con su piel morena y su turbante en la cabeza; un hombre intrigante; un cliché nacido de los cuentos y hecho carne y hueso.

Los heroes derrotan al villano y la gente es feliz, todos estan extasiados con la presencia de ellos en el pueblo. Una gran fiesta; toda la población se dirige a ella y dejas a tu hija ir; más tu te quedas en el hogar, no deseas asistir, pues quieres mantener a los heroes como heroes, y no los mortales que son. Aquella noche es mágica y solo recuerdas la música y lo grande que fue la fiesta; digno de una leyenda. Por la mañana tu hija regresa al hogar. Su vestido esta desaliñado y su pelo despeinado. En su mirada hay un ligero toque de vegüenza y rápido se introduce a su cuarto. Desgracia. No lo notas. Durante todo un mes le llegan rosas y regalos hermosos; a veces sale bellamente vestida y no regresa hasta altas horas de la madrugada. Un día ella rechaza los regalos y no desea ver a nadie. Te preocupas, ¿Qué sucedió? En los ultimos días del invierno, un hombre finamente vestido toca a tu hogar. Lo ves llegar con un bello arreglo hecho de plata y rosas junto una cajita de ebano importado. Lo miras a la cara y vez a un hombre hermoso. Miras sus ojos inquietantes, ojos negros, a veces con toques dorados, otras con destellos de fuego. Le falta un brazo, el izquierdo. Su piel es morena y su forma de vestir es estrafalaria, quizá extranjera. Lo reconoces, es el sabio de occidente, el místico. Te sonrie. Te captura con su mirada amigable. Pregunta por tu hija. Le invitas a pasar en lo que tu buscas a tu niña. Preguntas su nombre. Abdul te contesta con ese tono de extranjero que no puede ocultar. Vas y entras con tu niña, le dices quien la busca y quieres ayudarla a vestirse. No desea verlo. Pide que le digas que se vaya. Confundida haces lo que te pide tu hija. el joven Abdul solo sonrie y te pide que le des sus presentes a tu hija; hace mucho incapié en el contenido de la cajita de ebano y en la carta que va con ella; te ruega que no permitas que lo deseche por nada del mundo. Camina despacio hacia la salida y desaparece del pueblo y de tu vida.

El camino sigue su curso, tu hija, la niña de tus ojos se ha ido marchitando. Poco a poco ha perdido la alegria que la llenaba, desfallese y se tira a la cama. Deja de cantar. Con el tiempo te das cuenta que estaba enamorada del heroe y su partida le ha roto el corazón. A veces la visitan una mujer rubia y una meztiza orca. Le dan fuerzas y se hacen amiga de ella. Te platican que las tres salian con el heroe, pero que este sin duda tenia un afecto mayor por tu hija. Te sientes desdichada. Con el tiempo te das cuenta que a tu hija le crece el abdomen, esta embarazada. La historia se repite otra vez, pero ahora es el hijo de un heroe concebido con amor. Tu hija da a luz a un niño de ojos grises y tez morena y lo llama Abdul, como su padre. La alegria vuelve a tu hogar, tu esposo y tu hija sonrien y son felices con el nuevo miembro de la familia. Pero poco dura la felicidad. Tu hija fallece a los tres meses y tu corazón se rompe. Lo unico que te quedaba se ha perdido, pero sientes que ella renace en su hijo. Un día, acomodando las cosas de tu hija encuentras la cajita de ebano que le regaló el heroe antes de irse y la carta que le escribieron. La miras. Una letra fina y elegante describe el cariño que el hombre tenia por tu hija, y la terrible que era la misión que le tocaba resolver. Abrió el cofre y vio un pequeño anillo de oro con runas grabadas en el. -“Si un día mi destino se cumple, este anillo permitira que te reconoscan a ti y a tu familia, y sean bien recibidos en mi reino”-**. Guardas todo con cariño y al niño le cuelgas el anillo con una cadenita. El tiempo sigue. Comienzan a suceder cosas extrañas en tu casa. Hay luces fantasmales y moviemientos de objetos repentinos. El niño comienza a andar. Por más que tratas de enseñarle a hablar, solo hace sonidos guturales y extraños gruñidos. Un día ocurre la tragedia. El niño de dos años juega con los demás en la calle. Comienzan a molestarlo. Sus gritos se vuelven estridentes, grotescos. De repente tu casa esta en llamas, tratas de salir deseperadamente y lo consigues; pero entonces recuerdas a tu esposo dormido dentro de tu domicilio. El fuego impide que pases y trates de salvarlo. La gente corre despavorida mientras el fuego se expande por el barrio. Los niños gritan y lloran mientras un pequeño cuerpo carbonizado arde en el suelo junto a tu casa. Los niños traen a sus padres y apuntan al pequeño Abdul. Dicen que el fue el culpable, que arrojó fuego de su boca e hizo cosas magicas con las manos. Corres y cargas a tu nieto; lo abrazas con todas tus fuerzas mientras ves el mismo tono rojizo y dorado en los ojos del hijo que viste en el padre cuando lo conociste. El niño heredó los poderes de su progenitor. El niño gruñe y sientes un impulso pasional de venganza en él. Pero es tu nieto, lo unico que te queda y lo defenderas con tu vida. Ves llegar a los centinelas que te capturan antes de que te linchen. Te llevan a un calabozo junto al niño. Te permiten quedarte con él. Gritas que es el hijo de Abdul, uno de los heroes de Luminnis pero los jueces te ven como loca. Te acusan de ser bruja y de meter un espiritu demoniaco en tu nieto. Te condenan a la muerte en hoguera. Deseas con todo tu corazón evitar este destino, te preguntas que ocurrió, porqué el mundo es tan cruel contigo. Reciben su ultima cena. Te permiten quedarte con el niño; juntos serán quemados . La noche es larga. Recuerdas lo hermoso que eran los sueños de ser mago y hacer grandes proezas arcanas, e ironicamente ahora te quemaran por bruja. Despiertas en la mañana muy temprano; te encadenan y contigo va el niño. De pie, desafiante. Llegan a la plaza central donde los espera una gran muchedumbre. Todos estan ahi. Cargas al niño y te atan a un gran poste donde la leña se acumula. Un escriba lee tu sentencia. Un clerigo del juez errante se acerca y te ofrece confesión. Cuentas tus pecados y te absuelve de ellos. Abrazas al niño con todas tus fuerzas. Se preparan para encender la pira purificadora. Miras al horizonte y crees ver al padre de tu nieto, alto imponente, casi divino… Un sueño… cierras los ojos y comienzas a oir el crujir de la madera bajo tus pies…

h1. II

Amanecia en el reino de Sínople. El alba nacia por el oriente destilando rojizos brillos de luz que bañaban indiscriminadamente la colina. En la cima un cúmulo de piedras amontonadas junto a un pequeño pilar de madera señalaban una tumba. A pesar de ser un terreno arido y rocoso, flores rojas como la sangre habian crecido alrededor del túmulo como si rindiesen un homenaje postumo. En el pilar habia un collar de grandes cuencas de madera incorruptas que colgaba a pesar de las fuertes heladas que solian asolar la región. Sin embargo el pequeño recinto irradiaba paz y calma, un pequeño santuario olvidado en Sínople. Pero no por todos.

La luz comenzaba a extenderse por el reino hasta que unos dedos luminosos alcanzaron el túmulo sagrado e iluminaron a una figura humana. Frente a la tumba un hombre moreno de delgada complexión parecia meditar en silencio bajo el auspicio del santuario. Su respiración era casí inexistente, tan tenue que apenas parecia vivo. Sentado frente a la tumba parecia más una estatua de piedra si no hubiese sido por sus ojos negros y vivos que miraban a la nada absoluta.

Finalmente Abdul habia llegado a Sínople. Sin embargo no habia decidido entrar aún a la ciudad y atraido por su hado fue llevado hacia la colina donde habia oido que el poderoso guerrero orco Kali, habia enterrado a su maestro y mentor, el monje Sam Sara. Poco habia Abdul tratado a Sam Sara, sin embargo habia observado como tras su muerte, Kali habia cambiado totalmente. En la tierra de Abdul se veneraba a los antepasados como guias espirituales y consejeros en momento de necesidad y se solia orar frente a los grandes mausoléos construidos como ultima morada. Era costumbre que el jefe de la famila Quader en tiempos de necesidad se dirigiera al monte de Morria al antiguo mausoléo de Allin Quader a meditar frente a la tumba de sus antepasados más gloriosos. Aquella noche Abdul habia llegado de forma silenciosa al reino donde todo habia comenzado. Cuando se dirigia hacia la entrada de la vieja capital, Abdul creyó ver una pequeña luz brillando en la cima de una colina. Ya sea el antiguo deseo de tesoros que nacia en su corazón mitad dragón, o su inherente conexión con el mundo espiritual lo que lo llamaba, Abdul se dicidió a caminar hacia dicha luz. Cuando subió a la colina encontró un claro en ella donde habia varios troncos de madera colocados en forma de concentrica alrededor del claro y varias figuras que parecian hechas para entrenar combates. Vió varias marcas de hacha en ellas, viejas marcas hechas por una fina arma. Siguió avanzando hasta que llegó a la cuspide de la pequeña colina y fue ahi donde lo encontró. Habia una inscripción muy rústica en el pilar de madera que decia “Sam Sara yace aquí”. Una paz extraña llenó a Abdul por completo, la certeza y la calma se hicieron presentes en su ser. Abdul lo supo. Aquel orco que habia enseñado a Kali aún tenia lecciones que mostrar y tomando la postura de flor de loto; se sentó a meditar.

III

Pocas veces habia sentido tanto apremio como aquel día. Durante toda la mañana habia salido a cazar por los linderos de Sínople para poder sacarse de la mente el embrollo en que se iban a meter el día siguiente. Poco habia que hacer, era imposible salvar a la mujer que durante los ultimos años habia querido como se quiere a una madre. Pero lo iba a intentar. No solo a la mujer, tambien tenian que salvar al niño. Un niño que se habia vuelto un pequeño destello de luz en un mundo oscuro, el unico tesoro que verdaderamente les quedaba de él. ¡Él! Cuando lo conoció parecia un debilucho, un simple hombre atormentado por el dolor. ¿Comó alguien sin un brazo podria ser un heroe tan poderoso? Cuando lo vió por vez primera ella solo se fijaba en su compañero de batallas, un orco enorme y poderoso que manejaba con la letal ferocidad el Hacha doble ritual que solo los guerreros elegidos de su especie portaban. Sin embargo veia que el gran orco le rendia una verdadera amistad y respeto a aquel hombre, un respeto que solo se gana en el campo de batalla, hombro a hombro contra el enemigo. Esa noche el hombre se le acercó con una sonrisa hermosa, encantadora. La mirada la conocia bien, la habia visto en las serpientes que encantan a su presa antes de deborarlas de un solo golpe. Sin embargo no se resistió. Lo acompañó a un cuarto donde dos mujeres humanas lo esperaban tambien. Esa noche las unió a las tres. Ella, una meztiza de orco siempre rechazada por las dos sociedades, habia encontrado aceptación y cariño en un hombre. Su corazón humano cayó rendido frente a sus encantos y su atención, mientras su espiritu guerrero de orco se rindió ante un hombre superior. Ella sabia que veia a otras mujeres, incluso se hizo amiga de ellas. Era lógico. Un hombre como él tenia el derecho de poseer cuantas mujeres desease para que la especie fuera mejor. Ella lo entendia y apesar de todo lo amaba, se sentia dichosa de que él la tomara en cuenta. Pero el destino de él era muy alto, su propias acciones cambiarian al mundo. Cuando el invierno terminó el partió a luchar contra el terror de los Quebrantados. Con tristeza lo vieron marchar sin saber si algún día lo verian regresar con vida. El tiempo fue pasando, la mujer que ella llamaba Emilie habia sido bendecida con la simiente del heroe, y junto con la tercera mujer, Una rubia de ojos azules llamada Susan juraron proteger al milagro que naceria de Emilie, el ultimo regalo del heroe. Cuando el niño nació supo que seria totalmente diferente. Habia salido de su madre con los ojos abiertos y a pesar de los esfuerzos de la matrona, el niño nunca lloró. Cuando lo colocaron junto a su madre sintieron como una presencia aterradora lo rodeaba, pero con el tiempo dicha aura fue disminuyendose, o ellas mismas se fueron acostumbrando. La madre de Emilie era Rose. La mujer las habia acogido tanto a Susan como a ella misma dentro de su familia y las habia adoptado como si fueran tambien sus hijas. Por primera vez en mucho tiempo se sentia feliz y querida. Un día llegó la noticia a Sínople. Los Centinelas de la luz inquebrantable habian derrotado a los quebrantados. Se rumoraba que los mismos heroes se habian enfrentado a un dios y le habian vencido, aunque con grandes perdidas y dolores. Se habia escuchado que el caballero andante habia sido recibido en su reino con todos los honores, mientras que la gran maga habia resultado ser la princesa de Makondo. Del guerrero orco se conocia que habia vuelto con su tribu buscando restaurar el verdadero Ethos orco. Sin embargo de su heroe no se sabia nada. Eso hizo que muchos creyeran que habia muerto. Emilie habia entrado en depresión despues de eso. La muerte de su amado habia partido el corazón de la mujer y a los pocos meses, falleció. Después de eso los sucesos se fueron dando en cadena: El crecer del niño, su caracter orgulloso, su inteligencia, su falta de lenguaje y finalmente el incendio. Ella iba llegando cuando todo ocurrió. Vio como los otros niños molestaban al pequeño y como este desagarró el aire con un grito ensordecedor mientras su aliento se volvia ardiente como el acero a medio templar. Pronto las llamas iniciaron y todo se volvió una locura. Después de esto vino la carcel y el juicio público. Poco a poco sus vidas fueron derrumbandose. El día de mañana iban a quemar a la abuela del niño y a este por brujos y herejes. No habia escapatoria ni forma de evitarlo, lo unico que les quedaba era un intento desesperado de liberarlos antes de la hoguera. Ella era buena cazadora, tenia la fuerza de su padre orco pero por más que lo pensaba no creia posible liberarlos a tiempo. Su unico tesoro moriria mañana y probablemente ellas tambien. Por eso habia salido a cazar. Cazar siempre habia relajado su corazón y evitaba que pensara; algo muy de humanos se decia. Ella no le gustaba pensar. Sentia que se mariaba cada vez que lo hacia.

Muy de mañana habia salido a cazar sin encontrar ninguna presa. Habia andado casi 8 millas sin distinguir nada en el horizonte. Cuando regresaba cerca del medio día a la capital de Sínople observó unas pequeñas pisadas de algún reptiloide que andaba por ahi. Las huellas eran poco comunes para la región y se decidió a seguirlas. Subió a una colina que era donde se dirigian las huellas, atravesó un claro y finalmente lo vió. Estaba postrado en la tierra. Su ropa era vieja y manchada de tierra y lodo. Iba todo cubierto por una vieja túnica de manta. Sin embargo podian verse sus pies descalzos. Largas garras corrian por ellos, mientras una piel escamosa y verde-rojiza se dejaba ver. Ella se acercó sigilosamente, alcanzó a ver que la creatura era pequeña, ligeramente más chica que un mediano y que sus manos tambien parecian garras pequeñas. Parecia que reverenciaba a un montón de piedras que estaban ahi, probablemente alguna tumba. Llena de curiosidad ( y de saber si se podia o no comer) se fue acercando a la figura reptiloide, sigilosamente hasta tenerla a tiro de arco con la seguridad de no fallar. La creatura parecia rezar, de su extraño hocico de lagarto salian ruidos guturales que seguian cierto ritmo ritualístico, casi un canto. El ritmo del canto era armonioso a pesar de los gruñidos que lo producian, poco a poco ella se sintió llevada en un extraño viaje. Ante sus ojos aparecieron visiones de extrañas figuras de cuerpos titánicos, sus colores eran vivos, ardientes, llenos de fuerza. Algunos tenian escamas metálicas y otros como el fuego o el cielo azul. Algunas de las figuras parecian bondadosas y otras la viva imagen de la maldad, pero todas eran terribles, imponentes. Tras ellas unas figuras pequeñas, como el reptil que tenia en frente se paraban en filas ordenadas, llevando armas y estandartes con la marca de un circulo metálico rodeando una estrella pentacolor, sobre la estrella cinco simbolos parecidos a la flor de lis coronaban la estrella y daban la forma de un garrazo de alguna de aquellas creaturas poderosas. De repente los reptiles tocaron trompetas ominiosas y los mismos lagartos titánicos se formaron por sus colores; negros, verdes, azules, blancos y rojos cubrian la izquierda; cobrizos, bronceados, platinados, plateados y dorados a la derecha. Frente a cada grupo se alzaban dos creaturas enormes, Un gran monstruo reptiloide de enormes alas de murcielago, de rojas escamas y poderoso cuerpo ciclopeo parecia conducir al grupo de la izquierda, Un ser de maldad pura y fuerza incomesurable, un volcan antes de la destrucción. Frente al grupo de la derecha un ser de sabiduria incomesurable parecia conducirlos. Sus alas parecian dar sombra y confort, mientras algo que parecia una barba le daba un aire venerable al titanico ser. Sus escamas eran doradas, y mientras el otro se regocijaba en las muestras de su poder, el ser dorado parecia más calmado pero igual de poderoso, como si esa calma fuera el ojo de la tormenta. Frente a ellos, una creatura de negras escamas, su cabeza era como la de un ser muerto y de su respiración salian vapores infectos. No era tan poderoso como los otros dos, pero incluso parecia ser más cruel. Las trompetas tocaron una nota seremonial, y en ese momento el cruel negro comenzó a entonar una nota parecida al canto que habia escuchado del reptil, pero mucho más potente, terriblemente sacro. El ser negro entonó unas notas, que fueron seguidas y complementadas por los dos ciclopeos seres que conducian al resto. Finalmente tanto los lagartos monstruosos como los pequeños reptiles se encontraron en un frenesí de cantos guturales, que iban tomando fuerza y ritmo. Fue entonces que algo apareció frente a los seres, y estos abriendo sus alas se inclinaron, mientras los reptiles se postraron con la frente en el suelo. Ella trató de observar ante que se inclinaban aquellos temibles seres capaces de destruir Sínople en cuestión de minutos, pero en el preciso momento en que levantaba la vista sintió un repentino pellizco en su brazo. Cuando salió del trance en que habia caido observó solo al pequeño reptil que la miraba. Era en efecto un ser con hocico de lagarto y pequeños dientes puntiagudos. Su cuerpo era delgado y enclenque, de color verde cobrizo, todo cubierto de escamas. Llevaba el brazo izquierdo totalmente cubierto por vendas, mientras con sus ojos de gato miraba con curiosidad a la mujer. Entonces como si le diese miedo hablar en voz fuerte, el pequeño ser se dirigió a ella. “¿Mi Ssssseñora, le ocurre algossss?” A pesar de hablar luminian (el lenguaje común en el mundo) su acento le recordaba al de los extranjeros que venian de fuera del continente, eso sin olvidar su constante siseo de serpiente que en ocaciones le dificultaba entender lo que decia. Ella lo miró con extrañeza, fijando sus ojos amarillos en aquel raro ser. Finalmente pudo hablar. “¿Quién eres?, ¿Que era todo eso que miré? ¿Jugabas con la mente de Kurgd?”- y mintras decia todo eso lo sujetó de la ropa con sus poderosas manos y lo levantó del suelo hasta tenerlo a la altura de su mirada. el pequeño ser resultó cobarde, y comenzando a temblar rogó por su vida como la miserable creatura que era. pequeños gemidos en extrañas lenguas hicieron que Kurgd se sintiera mariada y arrojó al suelo al reptil, que en vez de salir corriendo como era lógico, se arrojó a los pies de la meztiza orca y gimoteando agradeció la bondad de su nueva ama. Kurgd más extrañada que nunca preguntó el nombre del ser. -“Mi llamarme Ludba y ssssssoy solamentessss un esssssclavo venidosss de allende el mar. Misss amosss morir en una embosssscada pero yo sssobrevivir. Muerto de hambre essstoy, pero Ludba no sse queja. Mi llegar a este altar y rezar a mi dioss por missericordia. Ama nueva aparecer frente a mi. Ludba essta agradecido por la bondad de los diossses y de la nueva Ama.” mientras decia esto hacia grandes inclinaciones que provocaban que su hocico tocase totalmente el suelo. Despues de unos minutos Kurgd parecia entender lo que sucedia. Por pura suerte ella habia encontrado un pequeño ser que queria ¡servirla! De no ser por lo que le esperaba el día siguiente, hubiera estallado en risa por su infinita suerte. Pero aún asi parecia algo irónico, ella necesitaba a alguien fuerte y valiente, y lo que recibia era un perqueño renacuajo que se retorcia al menor gesto. Era ella la Ama, ama de un ser insignificante que seguia una muerta en vida. Pero a pesar de todo no podia dejarlo asi nada más. Los orcos hablan de la supremacia del más fuerte, pero ella creia haber escuchado alguna vez del heroe que El más fuerte tenia por derecho y obligación cuidar del débil, pues si este no era capaz de protegerlo, no podia conciderarse el más fuerte. No podia abandonarlo. Quizá era el hecho de su propia incertidumbre, el miedo por lo que ocurriria mañana, pero aún asi no lo dejaria solo. Al fin y al cabo solo tendria esa responsabilidad por poco tiempo. Mirando fijamente al pequeño ser, le dijo “- Ahora hacer todo lo que Kurgd diga. Sin chistar, sin resongar, sin hacer caras. Ahora kurgd sera tu ama, aunque por poco tiempo. ¡Seguir a Kurgd!”- Y caminado hacia Sínople, los dos esclavos se dirigieron hacia los barrios bajos de la capital.

IV

Susan habia tenido un día muy agitado. Durante la madrugada habia salido sigilosamente del cuartel de la guardia. Esa noche habia dormido con el capitan encargado del calabozo de los herejes. En Sínople poco o nada se sabia sobre dichas mazmorras, ocultas en lo más profundo de las fortalezas y guardadas siempre por los centinelas de Sínople. El desgraciado que caia ahi sabia que estaba condenado y tarde o temprano; según la resistencia y la fuerza de voluntad de cada quien, harian que confesase todo, incluso las acciones que no habia realizado. Sin embargo la tortura no era el mayor de los problemas, pues la falta de sol, la suciedad y las ratas, la escasa comida y el fétido ambiente a muerte terminaban por mermar la voluntad de cualquiera. Un hombre entraba a ese calabozo y salia un simple muñeco de trapo, listo para arder en la hoguera. Susan estaba preocupada. Rose y el niño llevaban ya dos semanas en alguna de aquellas prisiones sufriendo un castigo inmerecido. Poco habia podido hacer por ellos. Apenas hace tres días habia podido localizar al encargado de dicha prisión, un hombre robusto de abundante abdomen y escasa visión que creia que su insignia era suficiente para atraer a cualquier dama y justificar sus… carencias. A Susan le habia tomado un día conquistarlo y media hora hacerlo que le contase todo lo que necesitaba. A ella le repudiaba tener que rebajarse a este nivel, ella que era toda una dama y la alguna vez consorte de un heroe, haciendo cosas tan ruines. Sin embargo era necesario. De ninguna otra forma Susan hubiera podido acercarce al capitan y averiguar donde tenian a Rose y al niño. ¡El niño! aquel pequeño ser que tanto habia cambiado su vida. Desde pequeña Susan habia sido una niña incomprendida. Poco o nada sabia de su padre, un soldado del reino de Tulip que habia corrido cuando su madre le habia anunciado su embarazo. Lo unico que conservaba de él eran sus ojos azules, profundos, del tipo que nunca puedes olvidar. Susan pasó mucho tiempo en soledad, pues su madre trabajaba tanto que poco tiempo podia pasar con ella, pero ganaba tan poco que muchas veces se vieron en necesidad y en la pobreza. Susan creció con esas carencias pensando que era lo normal en la vida hasta que se dio cuenta que era bella y atraia a los hombres de una gran forma. Cuando descubrió los regalos y el esplendor de los hombres, se dió cuenta de lo miserable que habia sido y repudió a su madre. A partir de ese momento supo que podia usar su mirada para hacer que ellos hicieran lo que quisiera. Ella les prometia pero nunca les daba lo que deseaban. Hasta que lo conoció a él. Cuando él la miró se sintió en un gran espejo. Sentia la misma técnica que ella usaba con los hombres, pero totalmente reflejada sobre su ser. Sintió como esos ojos la desnudaban y contemplaban su alma por completo. Él sonrió un momento y ella quedó atada por las mismas armas que usaba. Aquella noche fue de pasión. Se entregó como solo puede entregarse la inocencia. Ella lo amó y el le dió su cariño. Él era un hombre rico y famoso, un gran heroe de Sínople y una persona de mundo. Durante su compañia disfrutó de los mejores lugares y de la mejor comida; se sintió como la mujer que siempre debio ser y que su madre nunca pudo complacer. Sin embargo ella no era la única. Pronto descubrió que habia otras dos mujeres más en la vida de él. Una era meztiza orca y la otra una mujer de clase media, pequeña burguesa. Cuando se enteró trató de hacerle un revuelto, imponer su lugar y dominarlo pero cuando lo vió lo comprendió. Por más que intentase adueñarse de él, el heroe jamás perteneceria a nadie, sino todo lo contrario, lo que el desease lo poseeria. Fue entonces cuando deseó pertenecerle completamente, serle útil a todos sus fines, y aprovechar lo que él le daba. Se hizo amiga de las otras mujeres y finalmente les tomó cariño. Pero un día el tenia que partir. Su destino era grande y todas lo comprendian. Cuando nació el niño supieron que lo habian recuperado. El niño era tan parecido a su padre que lo llamaron igual que él. Susan sintió finalmente completa su vida y se dedicó a trabajar por él. Aunque los ojos del pequeño se parecian a los de su madre; una de las otras, la de ojos grises, Emilie; Susan sentia el niño como propio. Comenzó a trabajar en un pequeño restaurant de los que frecuentaba antes. El día que murió Emilie tanto La meztiza como ella decidieron encargarse del niño. Ella no podia creer que el heroe habia muerto y esperaba con calma su regreso. El trágico inciendio por el que habian culpado tanto a la abuela del niño como al pequeño para Susan era un duro golpe. No podia permitir que su pequeño muriese en la hoguera, tenia que cuidarlo hasta que regresara él y finalmente pudieran vivir felices para siempre. Poco era lo que podia hacer. Habia averiguado con el capitan la ruta en que llevarian a los presos el día de mañana, asi como la cantidad de guardias. Tambien sabia donde los tenian prisioneros, pero la cantidad de soldados cuidandolos hacia ridículo cualquier intento de sacarlos de ahi. El unico punto posible de escape era durante la ruta que conducia a la plaza. Sin embargo aún asi era una locura. 20 soldados bien armados y un árbitro acompañaban a los prisioneros. Susan solo contaba con ella misma y Kurgd, la meztiza orca. Necesitaba encontrar a alguien más que los pudiese ayudar. Durante la mañana, Susan habia salido con algunos de los recuerdos que guardaba en su tocador. Era joyeria fina, plata y oro traidos desde el occidente por el heroe y que este le habia regalado. Ella lo adoraba, pero estaba dispuesta a dar todo por el niño. Se dirigió a la entrada sur de la ciudad donde habia escuchado que estaban las carpas de un clan errante de medianos, los ruedas viejas. Susan conocia muchas historias de los ruedas viejas, y sabia que habia habilidosos muy dotados, capaces de abrir cualquier candado y de salir del más pesado problema y podian ayudar a uno en sus dificultades; por un módico precio, claro esta. Ella caminó por en medio de las carpas donde los vagabundos medianos ofrecian remedios contra la maldición de la momia, la lincantropía, protección contra fantasmas y no muertos hechos por los mejores brujos, y toda clase de brebajes y locuras que solo un necio compraria. De repente, vió algo que le llamó la atención. Este mediano hacia muestra de su habilidad para lanzar cuchillos, disparando con una presición y velocidad increibles a blancos moviles y fijos. Era tan bueno que incluso podia hacer malabares con los ojos cerrados mientras con un cuchillo abria un candado. El mismo hacia aparecer y desaparecer armas en sus manos, con una velocidad tal que parecia magia. El mediano era pequeño, de pelo rubio y rizado e iba cargando tantos cuchillos y proyectiles como su pequeño cuerpo le permitia. Al final del show una ovación de la gente exlamó. Algunas monedas volaron con él, y otras muchas calleron a sus pies. Susan pensó que él podria ayudarlo. Cuando la gente se dispersó al final del show, Susan se acercó lentamente. “No doy autografos” dijo el mediano en tono de broma, y luego la miró. “Pero puedo hacer una exepción” y una sonrisa pícara se asomó en su rostro. Susan sonrió tambien y pronto estuvieron platicando. A la tarde, Susan regresaba a su casa con una cara de cansancio pero ligeramente satisfecha. El mediano se llamaba Judeau Brandigamo y era un experto en el lanzamiento de cuchillos y en lo que él llamaba “las sutiles artes del suterfugio”, Según el mismo mediano abrir candados y ocultarse eran tan sencillos como escribir su nombre con cuchillos. A Susan le habia costado casi la mitad de sus pertenencias el conseguir que el pequeño la ayudase, pues según supo después era de los mejores en el área. Posteriormente Susan fue a buscar a otros tres o cuatro tipos más, de hoja más modesta y que facilmente podria hacerlos cooperar con sus inagotables encantos de mujer. En total habia reclutado 8 rufianes, que incluyendo a Korgd y a ella misma sumaban la gran cantidad de diez. Una locura en verdad, atacar con diez muertos de hambre a los centinelas de Sínople, pero no habia más opción. Cuando llegó a la casa que compartia con Korgd; un pequeño pero bien ordenado y limpio cuarto en los suburbios orientales de Sínople, encontró que la meztiza orca ya habia retornado. Junto a la pequeña estufa de la cocina un olor a guiso de conejo y especias se asomaba del pequeño caldero que tenian en la casa. Junto a este una figura diminuta y con una cola rara agitaba con una cuchara el producto, mientras Korgd se bebia un trago de agua en su vaso de barro. Con una mirada de asombro miró al pequeño ser. Cuando este volteó vio a un reptil horrendo y muy feo. Mirando a Korgd con ojos interrogadores y solo obtuvo un simple alzar de hombros como respuesta. Como estaban las cosas daba lo mismo las mascotas que adoptara Korgd. Alguna vez habia sido un gato, otra un pequeño lobo; al menos esta vez parecia que la mascota cocinaba, y lo hacia bien. Sentandose a la mesa junto a la meztiza, se relajó un momento, en eso el pequeño ser acercó un vaso de agua , mientras con una jofaina se disponia a lavar los pies de la rubia mujer. Susan se dejó concentir. La mascota esta vez era muy útil. Durante media hora estuvo así, relajandose mientras bebia un poco de agua. Finalmente el pequeño retiró la jofaina y fue hacia el caldero donde en dos grandes tazones sirvió el guiso de conejo y lo ofreció a sus amas. El pequeño tomó un tazón más chico y se sentó en una esquina a comer del guiso que habia preparado. Extrañamente sabia muy bien. Ni Susan ni Korgd habian probado algo tan rico, hasta la esperanza habia regresado un poco a ellas. Cuando terminaron de comer, Susan pidió al pequeño (Supo que su nombre era Ludba) que fuese por un pedacito de carbón en su cuarto y sobre la mesa comenzó a dibujar una estructura de calles. Con los utensilios de cocina ejemplificó una carroza y la escolta, y con los huesitos del conejo hizo a los hombres con los que contaba. El plan era simple, explicó Susan a la meztiza. “El convoy cruzará por la calle de los candiles, la cual es estrecha y probablemente haya poca gente en ella. cuando se encuentren justo a la mitad, entre la calle de los lecheros y la de los tejedores, Un grupo conducido por mi volcará una carroza para bloquear el paso por la calle. En ese momento, El mediano comenzará a atacar desde el techo de esta casa. Espero que maté al menos al arbitro y a los guardias cercanos al carro con los prisioneros. Cuando empiezen a buscar quien los ataca, tu y tu gente atacaran de frente a los guaridas cercanos con el fín de atraer hacia ustedes al grueso de la defensa. Mientras tanto el mediano entrará en el carro de prisioneros, matara a quien tenga que matar y liberara a Rose y al niño, sacandolos de ahi lo más rapido posible. Entonces utilizaré esto” y sacando de sus ropas un pequeño frasco con un liquido azul brillante y una gran sonrisa en su rostro. " Este frasco es un hechizo especial, hace que la gente que yo desee en un área se sienta confundida y caiga al piso; me costó mucho conseguirlo. Por supuesto no lo arrojaré sobre ti Kurgd. Pero nos dará el tiempo de escapar y salir de la ciudad. Entonces una carroza de medianos nos estará esperando y huiremos hacia el reino de Makondo.¡Es un plan genial! tipo, ¡nada puede fallar! ¡lo amo!" Y sin embargo sabia que dicho plan tenia una gran falla. No concideraba la pericia de los centinelas, o que pudieran acabar con los bandoleros antes de que Rose y el niño estuvieran afuera. Tampoco concideraba la posibilidad de que fueran armados con ballestas y los atacaran de lejos o que incluso pudieran atrapar al mediano. Korgd no parecia preocupada en absoluto. Parecia que ella habia aceptado la muerte sin problema y daba lo mismo si moria en combate o en la hoguera. De repente, con su voz de grave preguntó: " ¿y él pequeño qué? ¿viene con nostros o que haremos con él?"
“Puede sernos de utilidad. Vendrá conmigo” dijo Susan con voz resuelta. Entonces tomó un largo trago de agua y siguió mirando el bosquejo de plan.

V

_Diario de Johan Reus; Escriba del regente de Sinople.

Día 22 de Valerú. Año 937_

…La gran plaza de Sinople. Alguna vez una gran ciudad llena de gente, cosmopólita y mercante. Aquella gran plaza sirvió durante mucho tiempo como lugar de reunión para el gran mercado ambulante del entonces reino. Pero eso fue antes de la destrucción de la familia real. 34 años habian pasado desde aquel terrible momento en que el rey Turgon III y su hija Elisa murieron, dando pie a la caida pesumbrosa del territorio de Sinople. Ahora solo era un país independiente. Los nobles que quedaban se peleaban por el poder y poco les importaba el estado del país, lentamente el comercio fue decayendo y los viajeros fueron reduciendose. La una vez capital del continente de Esfalen fue quedandose vacia. Los elfos se habian marchado, y con ellos todos los practicantes de las artes arcanas. Durante la crisis por la muerte del monarca, los nobles inculparon a la magia de la destrucción de la torre del Rey y la desaparación de la monarquía. La gente iracunda bramó como borregos por la desaparición de la magia y su penalización con la muerte a todos los practicantes de ella. Los nobles sebaron su avaricia con la carne carbonizada en hogueras de los magos y hechiceros del reino, buscando tener el poder para coronarse como el nuevo rey. En 34 años nadie lo habia podido hacer. La capital lentamente fue decayendo, la gente preferia irse al campo y vivir de la tierra. Sin embargo, las hogueras seguian ardiendo, menos que antes, pero con la misma intencidad.

Siempre habia enemigos politicos del regente en turno y a veces hasta el mismo regente podria sufrir el riesgo de caer en la hoguera. La palabra “brujo” era tan peligrosa como decir “asesino”. Habia tambien grupos de gente que traficaba en el mercado negro articulos mágicos. Muchos nobles se aprovechaban de ello para enfrentar sus disputas contra los demás. Tanto comerciantes y usuarios, cuando eran atrapados eran juzgados y llevados a la hoguera. Pocos de estos desdichados sabian usar realmente magia, pero el uso de artículos mágicos los inculpaba de brujos.

Sin embargo el día de hoy habia un caso especial. Una mujer del pueblo habia sido condenada a la hoguera por dominar espritus malignos y usar magia negra. El caso habia sonado muy fuerte, pues habia sucedido un incendio en uno de los barrios bajos de la capital ocacionado por uno de los demonios convocados por la mujer. La bruja habia encerrado en el cuerpo de su propio nieto un espiritu maligno, el cual salió de control y carbonizó a un niño de unos 5 años mientras prendia fuergo al barrio. A parte del niño, hubo otras tres victimas, una de ellas el abuelo del niño. La mujer trató de escapar con el infante pero los Centinelas pudieron capturarlos. Aunque la mujer negó todo, cuando se estudió al niño se pudieron observar curiosos signos que demuestran su malignidad. El hecho del incendio fue rapidamente asociado con las noticias que llegaron de un caso similar hace dos años y medio en Tulip, donde un hombre habia sido cruelmente quemado sin motivo. Ese caso nunca llegó a esclareserse por completo debido a que Tulip vivia en carne propia los estragos de los Quebrantados; sin embargo el suceso fue recordado en la memoria del pueblo cuando se juzgó a la mujer. El niño es algo notable. Apesar de estar en edad de hablar y tener una mirada inteligente, solo pronuncia gruñidos guturales. Al mirar atentamente a sus ojos grises, el íris tiende a alargarse de repente dando la impresión de un ojo felino destellando a veces en rojo o en dorado. Es extrañamente intimidador y tiene una resistencia sobrehumana al fuego y al dolor. Sin embargo lo más extraño es un pequeño lunar en forma de una estrella de cinco puntas sobre una nube de estrellas más pequeñas que se encuentra en el hombro derecho. Sin duda es el simbolo de algún demonio. SIn embargo yo pienso…

VI

Apenas amanecia. Llevaba ya varias horas despierto, lustrando su armadura, arreglando sus papeles, peparandose para el gran acto. ¡Como disfrutaba su trabajo! Él era un Arbitro, un hombre de ley y de justicia, lo unico constante en un reino que cada día se desintegraba un poco más. Su nombramiento venia desde antes de los regentes, desde antes del rey. El era un Arbitro elegido por los dioses y su justicia era eterna. Se vistió con su armadura ceremonial. Colocó su espada en su cinto y tomó su vara de mando. Salió de madrugada en su carroza junto a los guardias que siempre lo acompañaban. Más de treinta años de servicio lo habian hecho ejecutor de casi docientas sentencias y mucha gente hubiera pagado bien para verlo muerto; pero él nunca habia sentido miedo, en ese momento no era una persona, él era un ideal, y los ideales son inmortales. El carro tardó un tiempo en llegar hasta la fortaleza real, donde en el calabozo eran encerrados los condenados a muerte. El sol apenas habia asomado su rostro tras las colinas de Sínople. Caminó rapidamente por los largos pasillos de la gran prisión que alguna vez fue el gran Alcazar real de Turgon III. Entregó los papeles al jefe de la guardia quien le proporcionó tres soldados y las llaves de la celda donde los prisioneros descanzaban. Llegar a dichas celdas era algo deprimente. El presidio decendia casi cien pies bajo la tierra por una esclera de caracol que conecta a cuantro diferentes niveles. El nivel más profundo era el reservado para los herejes y los brujos. Cada nivel era más frio y humedo que el anterior y la luz cada vez más escasa, el aire más rigido y espeso; olor a muerte en vida. Él conocia perfectamente el camino, con sus hombres con antorchas bajó la gran escalera de caracol que desendia hasta el cuarto nivel y atravesando el largo pasillo llegó hasta la celda más profunda de aquel lugar, la unica celda habitada por ser pensante en todo el piso. Uno de sus hombres abrió la puerta metal que la guardaba y el Arbitro vió a dos criaturas. Una mujer hechada en el suelo cargando a un pequeño niño. En cuanto vio sus sucios rostros y su ropa fétida sintió asco y odio irracional hacia ellos. Al recordar sus crimenes deseó con toda su alma escarmentar a los infractores. Con mirada de desprecio, ordenó a sus soldados que los encadenasen y los llevasen fuera. La pobre mujer apenas y podia caminar y gimoteaba a cada paso que daba. El niño en cambio permanecia erguido y callado, a pesar de la oscuridad en que habia vivido parecia que veia perfectamente bien, una mirada orgullosa para un niño tan pequeño. Salieron finalmente a la plaza de armas del antiguo alcazar real. Ahi el Arbitro miró con deleite que tenian preparada la carroza donde transportaria a los condenados y que seria acompañado por una veintena de soldados y 4 centinelas de Sínople. Junto a sus propios guaridas hacian una treintena de guerreros para escoltar a los condenados. Parecia una exageración, pero el regente deseaba hacer de este caso una vedadera demostración de su poder. Vanalidades eran para el Arbitro, pero no podia negar que se sentia a gusto con sus soldados. Ordenando rapidamente con su bastón de mando, subió a la carroza que iba al frente y comenzó su desfile. Rodeado de sus guaridas, la carroza de los prisioneros iba al centro de la formación. Caminando por las avenidas más anchas de la capital, solo habia tres millas desde el presidio hasta la plaza mayor, donde se ejecutaria la sentencia. El unico problema del recorrido eran los medianos. Esos vagabundos habian puesto su mercado en el Sendero Real, la antigua avenida que llevaba directamente a la plaza mayor y obligaban al escuadrón a tomar por dos calles alternas. El Arbitro siempre habia odiado a los errantes clanes de medianos, que lo unico que traian consigo eran supersticiones y charlataneria, el crimen siempre subia con ellos presentes. “Algun día los llevare a todos a la prisión, y aprenderan buenas maneras” Se decia a si mismo el Arbitro. Obligado por la necesidad a tomar por la calle de los Candiles, el convoy se desplazaba lentamente por la estrechez de la calle. Extrañamente la calle se encontraba solitaria y el silencio invadia cada rincón. El Arbitro, versado en intentos de liberación fallidos, presentia que pronto algo los atacaria. Ordenando a los centinelas ( los unicos que iban montados a caballo) que cuidasen la retaguardia, se preparó por si acaso.
El carro del Arbitro estaba a punto de cruzar la calle de los tejedores cuando de repente un gran ruido los alertó a todos. Varias carrozas se volcaron frente a ellos en medio de la calle de los Candiles, bloqueando el paso al convoy. El Arbitro detuvo de golpe el avance, cuando de repente oyó como uno de los soldados en la carroza de los prisioneros daba un ultimo grito agónico mientras caia herido de muerte. En un instante, dos hombres cercanos a la carroza fueron derrivados con sendos cuchillos atravezando su cuello. Agilmente el Arbitro ordenó formación de cuadro y que los ballesteros dispararan a los techos, cuando de repente una pandilla de bandidos se lanzó contra la retaguardia del convoy. Sin embargo ahi los centinelas montados amortiguaron con fuerza el ataque. Mientras los bandidos trataban de sacar provecho de su ataque sorpresa, los hombres cercanos a la carroza seguian cayendo heridos por cuchillos voladores. El Arbitro, se levantó iracundo, y corriendo hacia el carro de prisioneros juntó sus manos en el bastón de mando y con voz de mando ordenó al aire soplar alrededor de la carroza; y estas rafagas de aire desviaban los cuchillos que volaban tratando de matar a sus hombres. Los bandidos de la retaguardia habian alcanzado a matar algunos hombres, pero la mayoria de ellos yacian tirados en el suelo heridos por la diestra mano de los centinelas. Solo uno se mantenia de pie y parecia ser la lider de todos. Era una enorme meztiza de orco que blandia con fiereza un gran hacha al estilo de los barbaros de las tribus orcas. Los soldados no querian acercarse a ella, y un sentinela ya habia sentido el filo de su hacha sin consecuencias muy graves. El arbitro caminó un poco y acercandose solo lo suficente le ordenó con voz imperativa “quieta” La orca comenzó a sentir como sus musculos se contraian y su hacha caia a sus pies. Ella trató de liberarse, de resistirse, su rostro sufria por la palabras dichas mientras su boca se retorcia en el dolor de la parálisis. Los guardias rapidamente la derribaron y la ataron, mientras algunos más levantaban a sus heridos. En eso, el arbitro sintió una presencia rara detras de él, proveniente del carro de prisioneros. Rapidamente volteó y alcanzó a ver a un pequeño saltando del techo de una casa hacia la puerta de la carroza y esconderse. Habia un cuchillo clavado en el candado de la puerta dispuesto a girar para abrirlo. Hizo como si no observara nada. El pequeño rapidamente despachó al ultimo guardia en la carroza y corrió a abrir la puerta. En ese instante con agilidad esquivó una saeta que se estrelló en la puerta. El arbitro habia disparado desde una ballesta al pequeño. Rapidamente los soldados disponibles comenzaron a rodear al habilidoso. En unos instantes el chico se encontraba esquivando espadazos y saetas con la agilidad de un gato. De vez en cuando alcanzaba a ensartar sus dagas veloces como el rayo en el cuerpo desprotegido de algún soldado, pero era obvio que solo era cuestión de tiempo para que el chico fuera atrapado. Cada instante se volvian más desesperados sus esquives, y cada vez se iba alejando más del carro de prisioneros. Lo tenian rodeado y con la minima posibilidad de escapar, pero el chico seguia decidido a defenderse o morir. En un instante una botella azul salió volando desde las carrozas derribadas y un vapor de colores destelló a todos los soldados. El chico rapidamente corrió y desapareció por las calles y balcones de la ciudad. Sin embargo el resto de los bandidos habia sido capturado y otro grupo de alguaciles se disponia a llegar prontamente. El Arbitro subió a su carroza y ordenando que quitaran los obstaculos, prosiguió su camino.

Finalmente el Arbitro llegó a la plaza principal. Esta estaba llena de la gentuza que vivia en los barrios bajos del Reino, de los malechores que en vez de estar observando el juicio deberian de recibirlo. Las carrozas se abrieron paso entre la multitud. Un grueso número de soldados protegia el gran entablado donde se habia colocado la hoguera. La gente comenzó a gritar como loca y los pueblerinos cercanos comenzaron a arrojar basura sobre la carroza de los prisioneros. El odio se desprendia del sudor de los campesinos e impregnaba la atmosfera de la ejecución. El arbitro ordenó bajar a los prisioneros. Lentamente estos desfilaron desde el carro mortuorio hasta la gran cuspide de la plaza donde la hoguera habia sido plantada. Junto al arbitro un escriba del regente se colocó y leyó en voz alta la sentencia de la mujer. El Arbitro sintió que la sentencia y la condena era justa, quiza inmisericorde, pero la justicia siempre era igual para todos, imparcial, dando a cada quien según la medida de sus crimenes. Ordenó colocar a los prisioneros en el gran palo de la hoguera y levantando su bastón de mando dio la señal de comenzar el fuego…

h1.VII

Susan y el pequeño Ludba habian salido corriendo, el intento de salvación habia fracasado totalmente. La pobre de Korgd habia sido capturada y la mayoria de los hombres que habian contratado habian muerto. Unas cuadras más adelante una sombra los comenzó a seguir. Finalmente llegaron a un pequeño callejón donde pudieron tomar un poco de aire. La sombra se acercó con ellos y el pequeño Judeau se reveló. De la veintena de hombres que llevaban, solo tres habian salido del mal trance. Susan habia tenido que utilizar la botella mágica para liberar a Judeau Durante el pleito. Susan habia visto al pequeño Ludba esconderse junto a ella, mientras observaban el mal resultado del proceso. No esperaban que el Arbitro Jules de Mains o el martillo de Heironeus como se le conocia entre la muchedumbre, fuera el encargado de ejecutar la sentencia contra Rose y el niño, y mucho menos que hubieran centinelas esperando el ataque. Susan se sentia desecha. Habia fracacaso rotundamente en el rescate y habia condenado a su amiga a un castigo similar a la muerte. Habia terminado con su libertad. No quedaba mucho que hacer, sin embargo Judeau aún estaba con ella y deseaba acompañarla a la plaza mayor. Susan creia que lo unico que quedaba por hacer era ir ir reconfortar lo posible a la mujer y al pequeño, y esperar un milagro. Ludba tomó la mano de Susan y comenzó a caminar junto con Judeau hacia la plaza principal. Despues de un tiempo de caminar, encontraron el recinto atestado de gente, y desde la parte trasera observaban el tétrico espectaculo. Susan no pudo evitar llorar cuando la sentencia fue leida, y sintió gran pesar cuando el Arbitro Jules ordenó encender la hoguera. Sin embargo, algo raro ocurrió en ese momento. La pequeña mano que la sujetaba comenzaba a crecer. Las escamas rugosas se volvieron suaves y tersas; Susan se sintió reconfortada de repente. Miró a su lado y el pequeño Ludba ya no estaba. Su lugar lo habia ocupado un bello hombre que miraba resueltamente la hoguera y le decia al oido: “No temas”.

h1.VIII

Habia sido llamado a la grandeza. Sin embargo la humildad del hombre imperiria que su orgullo dracónico provocara su caida, como habia ocurrido con los Padres. Tenia que entender que el fuerte solo era fuerte en la medida en que pudiese usar su poder por los demás. Y el sabio solo era sabio en la medida en que su conocimiento no lo separase del mundo. No debia ser egoista como la Madre, ni despota como el Padre. Si el queria ser algo más allá de lo que era ahora, si queria devolver el equilibrio consevido por el Guardian de Adamantina, tenia que comprender todo eso. Por eso se encontraba aqui, en Sinople. Nada de lo que él hacia era gratuito. No alcanzaba a ver como esa presencia podria ayudarlo a encontrar la asención final, pero sabia que tenia mucho que ver.

Habia meditado un largo tiempo. En la tumba de Sam Sara sentia como su persepción aumentaba. Oia la respiración de los arboles, sentia el latir del cielo con sus aves, y los pasos de los animales por la colina. Fue entonces cuando la sintió. Era un espiritu guerrero y ardiente, él ya lo habia conocido, o eso recordaba su mente. Mucho de lo que creia saber lo habia olvidado, y mucho que no entendia se le habia abierto desde que usaba el anillo. No podia saber quien era, pero en ese día nada era casual. Se concentró en atraer hacia él al ser, de convocarlo hacia su presencia. Para evitar que lo reconociera tomó la forma humilde que siempre usaba en esos casos, un anciano kobold que para la mayoria de la gente no representaba peligro y le permitia pasar desapersivido entre la gente. Sentia como la mujer (si, sabía que era una mujer) iba acercandose más. De repente sintió una visión frente a sus ojos. Inmensos ejercitos de koboldos aclamaban su nombre mientras escuadrones de dragones esperaban su presencia. Frente a los dragones, reconoció a los tres mayores, Uno era un Rojo poderoso, sin duda alguna era Merentaro, El campeón de Tiamat. El otro era un gran Dorado de sabiduria inmensa. No conocia su nombre pero sin duda parecia ser el campeón de Bahamuth. Frente a ellos, el terrible negro de crueles ojos no podia ser otro que Zontod, el primer dragón que conoció y parecia ser su heraldo y general. Abdul se elevaba frente a todos, y comenzaban a cantar un himno de veneración a los padres, y ahora tambien a él. Sin embargo, frente Abdul aún se inclinaban dos figuras más. Figuras humanas. Uno era muy semejante a él, Alto y delgado, de musculos fuertes y bien marcados, su cabello ondulado y negro, su tez era morena pero sus ojos eran grises, a veces como de plata. Una gran espada de platino colgaba en su espalda, mientras una armadura Cornicea adornaba la mitad derecha de su torso y su brazo. Un tatuaje de un gran dragón que nacia en su brazo izquierdo y terminaba en su cara con su boca abierta, una garra en su pecho, sus alas abiertas sobre su poderosa espalda. El joven irradiaba magia y una bendición en su hombro izquierdo. La estrella de cinco puntas rodeada de una nebulosa de estrellas menores. El simbolo de Bahamuth. A su lado, un hombre palido y de cabello lacio y pelirojo como la sangre. Sus ojos como de gato, violetas intensos como los de la amatista. Vestido todo de negro y encaje, de finos movimientos y terrible poder mágico, sus largos dedos terminaban en garras de hierro, y su sonrisa maquiavelica mostraba unos largos colmillos blancos. Se recargaba sobre un báculo de ébano que terminaba en un gran orbe de fuergo. En su cuello un marca como de una rama que se dividia en cinco partes. El simbolo de Tiamat. Ambos se inclinaban frente Abdul y ofrecian sacrificios. Sentia conflicto entre ambos jovenes, pero tambien sentia un gran cariño entre ellos. Parecia que él podia definir si ese conflicto se convertia en odio o en amor perpetuo. Finalmente lo vió. Detras de él el gran pilar que habia visto, y el poderoso dragón de adamantina. Entonces la imagen terminó. Al abrir los ojos vió a una meztiza orca detrás de él. El ser que habia sentido y recordó. Con una sonrisa se acercó y se hizo su sirviente. Tenia que saber más, determinar que era lo que conducia su espiritu a Sínople. Sentia que Korgd estaba muy perturbada. casi asustada. Algo que no podia esperar de una mujer como ella. Observaria hasta el momento adecuado, observaria hasta que fuera el tiempo de actuar…

IX

Fragmento de Miirik ur urathear darastrix maurg, Cantada por el bardo Mardick el Terunt en el año 35 del nuevo imperio

En la ciudad de Sinople moró
durante su tierna infancia
aquel que de bahamuth campeón
empuñara despues la espada.

Por mortales caminos su destino,
entre las oscuras sendas
Durante mucho tiempo sufrió
El desprecio de su raza.

Aquel día de desgracia
donde su poder se precipitó
y la furia de su alma
Ningún hombre controló

Inocentes muertes sufridas
por el orgullo de ser hijo
de aquel que nuestros destinos guia
El gran emperador bendito.

El fuego sucumbió al reino
y el terror llevó a la insolencia
de querer quemar al hijo
cuyo destino los dioses guian

Fue entonces en la gran plaza
de aquel Sinople condenado
Por sus errores no perdonado
a sufrir la justicia divina.

Ya estaba listo la justa hoguera
ardiendo en el atroz fuego
los gritos incensatos se elevan
sin preveer el gran hado

He aqui que el niño no llora
y mantiene su frente en alto
ante la muerte, ante la vida
como un heroe desde temprano

Con sus ojos mira insolente
a los enemigos en el frente
Sin saber que su hado
habia de ser diferente.

Como columna de fuego despierta
y se eleva en toda la majestad
el emperador bendito se manifiesta
llevando consigo la tempestad.

Envuelto en llamas se presenta
y se muestra como un gran dragón
La tormenta vuela bajos sus alas
de acero templado sus garras son

De su hocico el fuego exhala,
Sus flancos la arras rechazan,
Ante su presencia el valiente enflaquese
A su mirada el poderoso se esconde.

Como meteoro deciende del cielo,
y trae consigo el juicio divino,
Frente al el un guardian de Hironeus,
trata de detenerle sin éxito

Pues la palabra del emperador es decreto divino
ante su voluntad nigún sirviente se opone,
más el juez en su actuar inmpio
En vano trata de detener su avance

Ora a la justicia divina
sin entender que esta frente a ella,
Hace caer fuego del cielo,
convoca a sus santos,
conduce a los ejercitos mortales,
y carga contra la real persona

Más el emperador es luz del cielo;
sus flancos de hierro forjado,
sus garras como el acero templado,
su cola es un terremoto,
Sus alas un torbellino,
Su aliento es el fin eterno.

Valientes los hombres mueren,
en vano, pues Aquél lo hubiera perdonado
Solo su hijo desea.

Ante el Emperador solo el juez queda
protegido por sus rezos le hace frente
solo para sufrir el doloroso despertar
que ante él un dios esta presente.

Con su garra dispersa sus rezos,
con su cola le estremese los huesos,
su mirada arcana lo juzga
y lo condena al fin del fuego eterno.

Finalmente frente a su niño
con la mirada tierna de su ardiente corazón.
Cura sus heridas, sana el dolor,
lo toma entre sus garras
y al cielo se elevó.

Más antes de partir voltea su mirada al Sinople
como ultimo momento juzga al pueblo sinestro
Y su aliento de pia justicia
Aridente castiga el asesinato fallido…

Fin

Parte VII. El fino arte de hacerte de aliados ( y convencer a la dama que acepte a tu hijo)

El fin es el comienzo; parte VI. La profecia de Sinople

El Lucero Carmesí Cuethendil