La pequeña aldea de San Jacinto, provincia del Territorio de Sínople, sufre de una terrible maldición. Sus habitantes pierden poco a poco sus ánimos y alegrías, hasta volverse opacas sombras de su antiguo ser. En sus nucas puede verse claramente una runa, muy similar a un ojo, que produce un leve brillo sobrenatural.

Aquellos con el don de percibir la magia, pueden ver el flujo cada vez más escaso de esencia que sale de sus corazones y fluye hacia el siniestro ojo.

¿Estarán acaso sus espíritu por desaparecer?

El Lucero Carmesí

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